¿QUÉ NOS DIFERENCIA A TÍ Y A MÍ?
¿QUÉ NOS DIFERENCIA A TÍ Y A MÍ?
El pasado lunes 15 de abril, durante la clase de organización, mis compañeros tuvieron la oportunidad de atender a una charla acerca de personas y jóvenes extutelados, pudiendo incluso escuchar el testimonio de algunos de ellos. Fue mi grupo de amigos el cual me hizo conocedor de este mismo hecho, y me lo hicieron saber dejándome ver lo mucho que me habría gustado haber estado presente, algo que no pudo ocurrir por encontrarme indispuesta.
Sin embargo, esta información hizo despertar en mí un deseo muy grande de investigación e indagación de casos e historias de personas que quizá se han cruzado con otro tipo de caminos a lo largo de sus vidas, y que al ser tan distintas a lo que estamos acostumbrados a escuchar, puede resultar bastante interesante de conocer. es por ello, que tras haber descubierto la existencia de esta charla, comencé a investigar sobre testimonios y fundaciones que dieran un punto de vista sobre cómo se desarrolla el día a día de los jóvenes extutelados.
No obstante, mi interés por este tipo de información no tiene su origen en esta charla. De hecho, siempre me ha gustado aprender cosas nuevas y escuchar experiencias reales de este tipo. Una de las razones principales por las que este tema comenzó a llamar mi atención, fue porque, cuando teníamos once años, un niño nuevo llegó a nuestra clase. Al principio, simplemente nos dijeron su nombre y nos avisaron de que el idioma podía suponerle ciertos problemas, por lo que debíamos de ser comprensivos con él y ayudarle en la medida de lo posible.
Este chico, a pesar de las creencias de los profesores, se integró con mucha facilidad en nuestra clase, y él nunca supuso ningún problema dentro del núcleo que ya había sido generado en el aula. Poco a poco, él fue capaz de abrirse con nosotros y contarnos, a los más cercanos a él, su situación familiar y personal. Cuando por fin conocimos la manera en la que había vivido los últimos años, y cómo había tenido que encargarse de sus hermanos pequeños en cada lugar al que había llegado, comprendí lo fácil que había sido mi vida hasta ese momento.
Al llegar a casa, no pude evitar preguntar a mi madre sobre la información que tenía del aquel entonces niño, pudiendo entonces saber que residía temporalmente con una mujer de mi pueblo, junto a sus dos hermanos. Los años fueron pasando, y yo intenté mantenerme siempre al día sobre su situación, cómo vivía y en qué condiciones lo hacía. Con el tiempo me enteré de que le habían separado de sus hermanos, y que él estaba residiendo en un centro hasta que cumpliera la mayoría de edad y entonces, tuviera que marcharse. Recuerdo ese momento bastante impactante para nosotros, los que le conocíamos de hacía tiempo. Es un choque de realidad muy grande, que quizá no afecta a todo el mundo de la misma forma, pero que a mí, sin ninguna duda, me afectó.
Para el momento en el que se fue, yo tenía diecisiete años, y por mi cabeza ya habían pasado muchas ideas sobre la manera en la que orientaría mi futuro. Como he mencionado en otras entradas del blog, estuve muy confusa durante mucho tiempo, y una de las ideas que tenía en mente era acabar estudiando trabajo social, para poder ser capaz de ayudar a gente como este chico, que sin duda había vivido el doble de experiencias que el resto de las personas de mi clase, y al que siempre admirábamos por ello. Finalmente, me dí cuenta que estudiando este doble grado, podría de igual forma acabar ayudando en estos contextos y que además, tendría muchas más oportunidades de trabajo.
Sin ninguna duda, quería dedicar mi futuro a acompañar a estas personas que, en muchas ocasiones, piden auxilio a voces, pero que sin embargo, no todo el mundo puede oír. Me encantaría vivir desde más cerca la realidad de esas personas que, a pesar de lo que diga la gente, no dejan de ser humanos con necesidades mayores, por las situaciones que les ha dado la vida y que de una forma u otra, puedan controlarlas con la ayuda que nosotros, como pedagogos, podamos aportar.
Como diría Ivan Illich, a veces deberíamos concienciar a todo el mundo de la necesidad de "desescolarizar" ciertos aspectos de la vida, con el fin de comprenderla de otro modo, sin prejuicios o sesgos que nos lleven a pensar mal de los otros desde un inicio. Mirar desde la proximidad estas historias de vida, no solo deben hacernos sentir pena o lástima, sino que deberían llevarnos a actuar. Actuar contra los prejuicios, actuar a favor de la inclusión de todos, luchando con el fin de que en algún momento, estas situaciones, a pesar de no ser tan comunes, no tengan que verse aisladas del resto de personas, pues al final todos habitamos en la misma sociedad y es por ello que todos también, podemos cambiarla, ya sea de una manera o de otra.
Para finalizar esta entrada de la mejor manera posible, me gustaría recomendar una película que, relata y se relaciona de cierta forma con lo que he tratado hoy en el blog. Esta película se llama "Las vidas de Grace(2013)", y a pesar de no ser demasiado conocida, impacta mucho la manera en la que se refleja la vulnerabilidad de los personajes, y sobre todo, de la protagonista.
Espero que os haya gustado. ¡Nos vemos en la siguiente entrada!



Comentarios
Publicar un comentario