Y SI TÚ NO PUEDES, ¿POR QUÉ HACERLO YO POR TÍ?
Hola de nuevo chiquetss! Como nueva entrada a mi blog, me encantaría que, cada uno de nosotros, leyendo este cachito de mí, pudiera comprender de alguna manera, lo que quiero transmitir hoy día.
“Si no lo haces tú, nadie lo va a hacer por tí”. Esta es una frase bastante corriente que se utiliza con mucha frecuencia, y pienso que debido a eso, pierde su importancia, o el impacto que, hace tiempo, dio en mí.
Me considero a mí misma, una persona bastante autoexigente y esto me pasó factura durante mi etapa en Bachillerato. Era demasiado común llegar al recreo y escuchar a mis amigos regañándome de nuevo, porque por muy drástico que suene, para mí dormir no era una opción el curso pasado. Te acostumbras a quedarte sin fuerzas a mitad de la mañana, esperando que ese reloj que se encuentra encima de la pizarra, a la que no has podido prestar atención por más de cinco minutos seguidos, por fin marque la hora de irte. Y es una rutina al fin y al cabo, llegar a casa y no poder parar de pensar hasta que llega la noche, y una vez más, te encuentres encerrado en ese círculo vicioso entre mente y cuerpo. Una lucha constante entre lo que debo y necesito hacer. Entre aquello que puedo realizar y aquello que por el contrario, puede conmigo.
Sabía que no era sano. Por el bien de mi salud, debía parar de hacerlo. Sin embargo, mi mente no estaba de acuerdo.
Como he mencionado con anterioridad, esta era mi rutina en la mayor parte de mi etapa de Bachiller. Esto estaba establecido dentro de mí, hasta que en un recreo en el que me encontraba tan exhausta, que mis piernas impedían que pudiera salir fuera, pedí permiso para estar en clase durante este tiempo. Mientras mi mente maquinaba todo aquello que debía conseguir hacer al llegar a casa, escuché como la puerta se abría, y detrás de ella, apareció la orientadora de mi instituto. Comenzamos a hablar de mis rutinas, de los exámenes y las notas que aspiraba a sacar en un futuro próximo, pero sobre todo, hablamos de mi salud. Sabía a conciencia que seguir viviendo de esta manera, no podía beneficiarme de ningún modo. Fue en ese momento, tras haberme dado una larga charla sobre la importancia de cuidar de uno mismo, cuando me dijo “si no lo haces tú, nadie lo va a hacer por tí”. Al principio, pensé que llevaba razón, que mis horarios debían mejorar, y tenía que mirar más por mí. Sin embargo, luego llegué a la conclusión de que vivimos en un mundo bastante egoísta. En este caso, era obvio que la única que podía cambiar mi forma de vida era yo. Por el contrario, esto me hizo preguntarme ¿seré yo la única en este planeta que tiene este problema? La respuesta era obvia, no. Y si yo no era la única, ¿por qué se veía mi vida como un problema bastante aislado de los demás?
No había que pensar demasiado, mi orientadora tenía razón. Tenía razón en que yo, y exclusivamente yo, debía cambiar mis hábitos y que nadie podía hacerlo por mí. Me inspiró a no verme tan sola ni a sentirme tan mal por hacer lo que hacía. Entenderme a mí misma, fue el primer paso para cambiar lo que sentía y la manera en la que actuaba. Aún queda mucho camino por recorrer, pero este momento, no se me olvidará nunca, ni mucho menos, la importancia del papel de los orientadores en los adolescentes. Personas que aún no se comprenden, y que en muchas ocasiones, no se soportan ni a ellos mismos. Tratar de entender por dónde están pasando, estar para ellos, puede ayudarles a transformarse como persona. Y está claro, que tú no puedes hacerlo por ellos, pero en cualquier caso, acompañar a una persona en su proceso de realización, es simplemente eso, compañía; y en muchas ocasiones, es el empujón que necesitas para poder saltar a la vida.
Con esto finalizo mi entrada, y dejo por aquí un poema bastante conocido, que me gustaba mucho leer en esa época, así que espero que os guste :):
No te salves
“No te quedes inmóvilal borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo” (Mario Benedetti).


Me encanta como reflejas, mediante tu experiencia, cómo la autoexigencia puede volverse destructiva y estoy segura de que mucha gente ha pasado por la misma situación y con este mensaje donde muestras tu experiencia personal ayudas a las personas que están pasando por lo mismo. Finalmente, el poema que has puesto es precioso y refleja muy bien el mensaje que estas dando. ¡Tengo muchas ganas de seguir leyendo tus entradas!
ResponderEliminarcandelaa que bonito eres increíble y vas a ser la mejor orientadora !
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